Lívido:
En el yermo que tengo por mente, hoy
las líneas mediocres florecerán sin el abono del vino, pues temo en su dulzor
perder el retrogusto de los labios que hace minutos inundaron los míos. Hoy no
humeará tabaco en mis falanges, para que su aroma no me haga olvidar el que
hace una hora impregnó mi nariz y la habitación en donde ante el altar entre
piernas pronuncié en lenguas mil plegarias al dios que detesto. Hoy estaré
sobrio al describir cómo hace poco menos de una hora me embriagué de deseo,
mientras mis dedos leían el braille de la desnudez más perfecta. Hoy me
acompañará solo música instrumental, porque no hay vocalista que alcance una
octava tan perfecta como la que se cantó a un palmo de mi oído hace media hora.
No habrá almohada de plumas tan cómoda como los senos en lo que reposé hace
quince minutos, pero en mi almohada miraré al techo y veré los mismos ojos a
los cuales amé sostener la mirada por encima y por debajo de las clavículas que
soplaba mi nariz. Hoy en sueños reviviré estos instantes de hedonismo y mañana
esperaré impaciente a que la realidad me los regale de nuevo.

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