Silencio:
Hoy me darás
otra oportunidad de hablarte, me sentaré una vez más frente a ti e igual que
siempre, pensaré mil veces lo que te voy a decir antes de hacerlo y después me
retractaré de no haber usado las palabras correctas, acariciaré tu piel y te
miraré por largo rato hasta que el sueño me venza.
Hoy te daré una oportunidad de
escucharme, estarás frente a mi e igual que siempre esperarás callada mis
palabras y permanecerás callada una vez las diga, no te inmutaras ante mi
tacto, ni me devolverás las miradas que todo el tiempo estaré lanzándote.
Entre tú y
yo predomina el silencio pues es poco lo que te digo en proporción a lo que te
observo y proporcionalmente es igual lo que me dices a lo que me observas y eso
es nada, porque en la nada siempre está tu mirada, y así mismo, nada es lo que
me dices.
Poco me
enerva el silencio que compartimos, porque sé que me escuchas, a pesar, de que
no me hables ni me mires , sé que escuchas mis monólogos con tal atención que
eres capaz de memorizarlos con la misma precisión de un actor que memoriza su
guion y también sé que soporto tu silencio porque conozco las banalidades que
me dirías si hablases y las conozco porque conozco a la perfección las ideas
que hay dentro tuyo y si por un momento olvidara alguna me bastaría con mirarte
para recordarla y recordar que pierdo el tiempo frente a ti.
Aun así
espero siempre con entusiasmo estos ratos contigo y rechazo a veces otras compañías
por la oportunidad de verte, porque aunque estés siempre a mi disposición, yo
solo puedo acudir a ti en las noches, con la certeza de que estaremos solos, de
que nadie me verá en tu compañía, que el efecto de algún licor me impulsará a
hablarte y que nadie atestiguará como el exceso del mismo licor hará cóctel con la ira de no saber qué
decirte y me impulsará de nuevo a insultarte y encerrarte en ese lugar secreto
donde esperarás nuestro próximo encuentro, querida libreta.

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